La crisis bursátil 2007: el socialismo para los ricos y el capitalismo para los pobres

1 Noviembre 2008 | Categorías: Mercados Financieros y Especulación, Opinión

por  Juan Hdez. Vigueras. Autor del libro Los Paraísos Fiscales. Cómo los centros offshore socavan las democracias. Akal, 2005

Mientras los bancos centrales abaratan los préstamos para los grandes bancos, se les niega ayuda a las familias estadounidenses que adquirieron viviendas con hipotecas impagables.

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En lugar de medidas de apoyo a las familias agobiadas por el impago de sus hipotecas de riesgo o subprime, el pasado 17 de Agosto el banco central estadounidense, la Reserva Federal, optaba por reducir el tipo de descuento bancario, ofreciendo préstamos abaratados a los grandes bancos entrampados en la especulación con activos financieros respaldados por ese tipo de hipotecas concedidas.

Unas hipotecas facilitadas para incentivar el máximo endeudamiento familiar, objetivo de las finanzas desreguladas que generan dinero barato que conlleva los desorbitados precios de las viviendas y la burbuja inmobiliaria estadounidense.

Hace unos meses, los abusos en “el mercado de las hipotecas subprime”, con un interés menor para los dos primeros años a personas sin apenas garantías, ya motivaron que en el Senado y el Congreso se descartara una legislación federal que corrigiera los abusos y que la continuada subida de los tipos de interés y la súbita pérdida de ingresos personales dejara a muchas personas sin la vivienda hipotecada, en la calle.

Y ante el hundimiento del mercado hipotecario por los impagos en los EEUU, algunos líderes demócratas han defendido ampliar la intervención de las dos grandes sociedades, Fanny Mae y Freddie Mac, patrocinadas ambas por el Estado federal, para ayudar en la financiación del acceso a la vivienda de los más desfavorecidos; puesto que la primera fue creada por Franklin D. Roosevelt en los años treinta para que millones de familias pudieran acceder a la propiedad de una vivienda. Pero la propuesta contó con la oposición tajante de la Administración Bush (Forbes 22/3/2007); los principios del capitalismo se aplican siempre a los pobres.

Por contra, ante la pérdida de confianza en la Bolsa y la súbita  crisis de liquidez crediticia entre la oligarquía de bancos y entidades financieras principales porque nadie se fía de nadie, la Reserva Federal – como el BCE y todos los bancos centrales del sistema – ha preferido atender las demandas de Wall Street y de los influyentes grupos financieros, primero con inyecciones de dinero público en el sistema bancario y luego ofreciendo una “ventanilla de descuentos”, préstamos blandos, abaratados y para 30 días en vez de un solo día, a los grandes bancos y entidades financieras para que reanuden su carrera de especulaciones que mantenía a las Bolsas con altas cotizaciones que no se correspondían en muchos casos con el valor real de las empresas cotizadas. Es el sofisticado socialismo para los ricos.

Es una muestra típica del predominio de los mercados financieros, que merece un análisis critico y desde luego alguna reflexión política de los nuestros elegidos.

Porque la realidad conocida es que el pánico reflejado en las significativas  bajadas de cotizaciones bursátiles durante semanas surge de un hecho simple y es que nadie conoce la cuantía de la cartera de valores respaldados por las hipotecas que han resultado impagadas. Y cómo han sido adquiridos  con excesivo endeudamiento por bancos, fondos y entidades que no rinden cuentas, la sucesiva quiebra en los últimos meses de bancos y entidades hipotecarias de los EEUU afectadas por los impagos hipotecarios, ha desencadenado la incertidumbre y el miedo optando por la restricción de créditos destinados a la adquisición de “valores respaldados por activos  financieros”, es decir, productos financieros basados en las hipotecas de riesgo. Y los gráficos mediáticos del viernes 17 de Agosto reflejaban las caídas de las cotizaciones del jueves en las Bolsas, desde Singapur y Hong Kong a Nueva York y Buenos aires pasando por Paris, Madrid o Londres. Cuanto mayor grado de financiarización de su economía, mayor repercusión de la crisis.

¿Por qué el impago en Illinois de unas hipotecas poco garantizadas ha desencadenado una crisis en las Bolsas de todo el mundo?

Porque, al decir de un analista “la burbuja inmobiliaria explotó en los EEUU, pero la burbuja crediticia es global” y a estas alturas de la película, esta apenas tiene que ver con aquella. Por un lado, los valores respaldados por esas hipotecas de riesgo resultan difíciles de vender y también de valorar puesto que su rentabilidad se deriva de los dudosos pagos hipotecarios; y por otro lado, no se conceden préstamos porque ni los bancos ni los fondos conocen quienes y cuanto han perdido por los impagos. El director general de BNP Paribas en Paris le transmitía a la Ministra francesa de Economía la imposibilidad de calcular el valor de liquidación de sus tres fondos de inversiones de ese Banco congelados días antes, debido a la crisis de los créditos hipotecarios de riesgo en los EEUU. (El País 18/8/2007)

Como nos han explicado, este tipo de hipotecas de riesgo, catalogadas subprime, son concedidas con aparentes facilidades a personas con pocos recursos o de dudosa solvencia, por bancos y por entidades dedicadas al negocio hipotecario; que para repartir y diluir los riesgos acumulados “empaquetan” estos créditos hipotecarios transformándolos en diversos productos financieros innovadores, es decir, en títulos de valores que se comercializan con extrañas denominaciones (CDOs o Collateralized Debt Obligations; CDS o credit default swap y demás “instrumentos financieros estructurados”, modalidades de  bonos y derivados inmersas en operaciones complejas, como el carry trade, apoyadas en potentes ordenadores)

Es el mecanismo de la llamada titulización que permite a las entidades  financieras negociar y especular con nuevos valores mediante “compras apalancadas” (LBO o leverage-buy out, es decir, endeudamiento por encima del capital propio), generándose así un negocio financiero mundial puramente especulativo basado en los créditos hipotecarios estadounidenses y distribuyendo los riesgos por el mundo entre los compradores, sin que se les identifique.

Porque toda esa esotérica retahíla de vocablos que denominan a esos nuevos activos financieros pretende esconder unas apuestas de casino arriesgadas sobre las hipotecas subprime  concedidas por una primera entidad. Y en lugar de dejar que el miedo guarde la viña y que la demanda y la oferta reestablezcan el equilibrio en el mercado, la Reserva Federal estadounidense les da facilidades a la oligarquía de bancos importantes para que prosigan el negocio especulativo impidiendo la penalización de la especulación con pérdidas que compensen las ganancias de otro momento, conforme a las reglas del libre mercado. Naturalmente, la justificación está en evitar el riesgo sistémico, nos dicen: evitar el riesgo de contagio de todo el sistema económico. Y quienes se vieron desposeídos de la casa por impago del pago mensual de la hipoteca, se esfuman en las simas de la economía real capitalista, muy lejos de la élite financiera dirigente y de los expertos informadores.

Entre tanto, ninguna autoridad es capaz de ofrecernos una explicación significativa de la tan alarmante crisis financiera en curso y las noticias cuenta las caídas y repuntes bursátiles; ilustradas con informaciones anecdóticas, declaraciones de distinguidos gestores y rumores que suplen la  falta de transparencia contable de las entidades financieras y el grado de riesgo en que se hallan.

¿Por qué la falta de transparencia en medio de la proliferación de noticias?

Porque la opacidad es consustancial a la actual economía financiera que es alimentada por la incertidumbre que se crea.  Por un lado, la creación de “activos respaldados por los créditos hipotecarios”, los innovadores activos financieros derivados de las hipotecas de riesgo tienen como finalidad inmediata sacar esos créditos de la contabilidad de las entidades hipotecarias y ponerlos en circulación en un mercado sin cotizaciones oficiales. Y por otro lado, los principales actores de la crisis son los hedge funds o fondos de alto riesgo registrados en offshore, en paraísos  fiscales, que operan en los mercados del dinero mientras las entidades propietarias cotizan en las Bolsas importantes. Pero su opacidad se garantiza mediante su domiciliación en  paraísos fiscales offshore, donde no solamente no pagan impuestos por los beneficios sino que no se les exige información pública. Precisamente, uno de los bancos de inversiones Bear Stearns se ha visto obligado a liquidar sus dos hedge funds declarados en bancarrota registrados en las Caimán donde están domiciliados aunque sus activos se encuentran en Nueva York, toda una incertidumbre añadida para acreedores e inversores (Bloomberg 7/8/2007)

De ahí la dificultad de conocer la magnitud y la implicación de los bancos y entidades que han adquirido esos títulos basados en los créditos hipotecarios y cuya rentabilidad depende del pago o impago de los deudores hipotecarios. De esa incertidumbre se deriva la volatilidad de las cotizaciones que terminan perjudicando a pequeños ahorradores y empresas productivas y solventes, victimas colaterales de la crisis bursátil, que ven disminuir el valor de sus carteras por el pánico desencadenado por unos riesgos de imposible evaluación por la opacidad reinante.

Con el oportunismo político que le caracteriza, el presidente francés Sarkozy  pedía la convocatoria del G-8, el gobierno mundial de facto, para abordar la falta de transparencia de los mercados mundiales del dinero; aunque hace solo unos meses en la cumbre de Hellingendam habían descartado las propuestas de Angela Merkel para acordar alguna regulación porque la financiarización de la economía genera cada vez más problemas insolubles.

¿Cuánto durará la volatilidad o la inestabilidad de las Bolsas? ¿Afectará esta crisis financiera a la economía real?  ¿Le tocará también a la economía española?
Estas y otras preguntas similares, John Kenneth Galbraith ya las contestó: “no hay respuestas; nadie lo sabe y quienquiera que pretenda contestar es que no sabe que no sabe”.( J.K. Galbraith, Breve historia de la euforia financiera. Ariel, 1991, p.119)

La paradoja de esta globalización financiera es que cuando más gente corriente depende de ella, porque ha depositado sus ahorros en bonos, cuentas y otros valores, menos control tiene sobre esos ahorros que gestionan libremente los grandes bancos y fondos en los mercados financieros conectados mundialmente carentes de regulaciones y del control de los gobiernos democráticos.-        (Publicado en webs Attac, Agosto 2007

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