Raíces de una crisis bursátil

Por  Juan Hdez. Vigueras.

Ni con las hipotecas a cincuenta años para españolitos ni con las hipotecas subprime para estadounidenses con poca solvencia, se pretende que la gente sea propietaria de una vivienda sino que se busca la ampliación del negocio bancario y el endeudamiento de la gente. Porque esos créditos hipotecarios subprime concedidos se utilizan después para respaldar unos bonos u otros productos financieros con extrañas denominaciones que se comercializan por el mundo más libres que los plátanos del Caribe. Y esas operaciones se ven facilitadas por el llamado apalancamiento, es decir, con préstamos superiores al  80 % del valor de la adquisición, y por las sustanciosas comisiones de los gestores que deciden. Porque de lo que se trata es de repartir los riesgos del impago de esas hipotecas subprime o de alto riesgo entre el mayor número de bancos y fondos de inversión que adquieren los bonos o activos virtuales respaldados por esos créditos hipotecarios de cobro dudoso que constituyen su rentabilidad.

Por eso, en cuanto los impagos hicieron quebrar a algunas entidades hipotecarias principales en los EEUU, se desencadenó el pánico en las Bolsas donde cotizan los grandes bancos y aseguradoras implicadas en ese negocio especulativo a través de otras sociedades o fondos propios. Y a ello contribuyeron las reverenciadas agencias de calificación de riesgos – entidades privadas que dan una nota o  valoración de cada entidad o producto financiero – que ante los impagados hipotecarios  bajaron las valoraciones de los activos sobre hipotecas subprime, creando desconfianza entre los inversores porque revelaban que aquellas no tenían ni idea del riesgo que valoraban; de ahí el frenazo en los préstamos apalancados, creando la falta de liquidez crediticia que dicen los expertos.

Pero la causa de la crisis radica en que nadie sabía ni sabe qué bancos o entidades tienen en su poder esos bonos hipotecarios devaluados y en qué cuantía. Porque la incertidumbre nace de la opacidad  consustancial al negocio del dinero; el negocio financiero se basa en la duda y la incertidumbre como las apuestas de cualquier casino. De entrada, con esos “activos respaldados por hipotecas” se busca sacar estos créditos de la contabilidad de los prestamistas  y colocarlos en un mercado sin cotizaciones oficiales. Para operar, los instrumentos y principales actores de esta crisis son los hedge funds o fondos de inversión de alto riesgo propiedad de grandes bancos y registrados en paraísos  fiscales offshore, destinados a la especulación.

Los dos bancos alemanes “pillados” por este juego, el IKB y el Sachen LB – vendido hace días – operaban con dos sociedades gestoras registradas en la Isla de Jersey; y uno de los primeros afectados en los EEUU, el Banco de inversiones Bear Stearns, tenía sus hedge funds en las Caimán, donde la opacidad y el descontrol son legales con  exención de impuestos por sus beneficios. Ante todo, los paraísos fiscales sirven  para que las finanzas mundiales se liberen del control de los Estados democráticos, (como he explicado en * Los paraísos fiscales. Cómo los centros offshore socavan las democracias. AKAL, 2005.)

Ahí tenemos algunas  raíces de los días de pánico en las Bolsas de Nueva York y del mundo aunque las bajadas y subidas eran como siempre, según demuestran los índices técnicos de volatilidad. Pero la incertidumbre acentuada por el alarmismo interesado sirvió a la Reserva Federal en los EEUU para optar por  facilitar préstamos a la oligarquía de bancos importantes entrampados con los dudosos bonos hipotecarios, para que siguieran especulando sin  pérdidas que compensaran las desmedidas ganancias de otro momento. Y esa pauta sirvió para que el Banco Central Europeo – como los de Inglaterra y Japón – metiera dinero en el sistema bancario para prevenir – dicen- el contagio a todo el sistema económico.  Aunque la economía real era y es fuerte, el BCE que venía subiendo el tipo de interés para frenar las tendencias inflacionistas, también facilitó liquidez – en medio de una “niebla informativa” según el Financial Times – para que los grandes bancos “pillados” pudieran salir del atolladero.-
(Publicado en Diagonal, 6/9/2007)
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